Bajo este título quiero inaugurar una nueva sección donde daré a conocer mis modestos escarceos con la literatura. Para esta primera semana he elegido rescatar un relato antiguo, que ya publiqué en mi otro blog, porque tenía pensado otra cosa, pero me ha pillado el toro.
Este relato se titula: "El Tapón de Jack Daniels" y lo escribí a petición de un amigo. Él lo había escrito desde el punto de vista de un chico, y me pidió que escribiera el punto de vista de la chica. Espero que lo disfrutéis, y que no seáis muy malos conmigo.
¡Feliz Viernes!
El tapón de Jack Daniels
Salimos
de allí algo aburridos, yo estaba hasta las tetas de todos aquellos
gilipollas babosos diciendo chorradas. El alcohol, ya se sabe, a ellos
les hacía parecer más idiotas de lo que eran y a mi más intransigente y
arisca de lo normal. Él sacó una botella, no sé de dónde, siempre me
sorprendía así, sin saber cómo. Sacaba botellas de todas partes. Si le
hubieran dado una chistera habría sacado una paloma, o un conejo… u otra
botella. Como un mago.
Me
caía bien. Sí, y eso que estaba en mi peor época, y además borracha. En
aquellos momentos no había nadie bueno para mí, pero él me caía bien.
Aunque no pasé por alto el hecho de que había perdido el negro tapón de
Jack´s Daniels, claro que ahora que lo pienso, cualquiera encontraba un
tapón negro iluminado tan sólo por la enfermiza luz de la Luna.
Me
encendí un cigarro. Me quedaban pocos, pensé que después me acercaría a
comprar otro paquete. Cada día estaban más caros, y yo sin un puto
duro… Nos sentamos en un banco, en el respaldo con las piernas apoyadas
en el asiento. No hay manera de estar cómodo en un jodido banco de
madera. Le di una calada al cigarro. Él me miraba. Solté el humo. Él me
seguía mirando. Levanté la mano y volví a llevarme el cigarro a los
labios. Sus ojos clavados en mi cara. Mis ojos buscando apoyo en las
estrellas. De nuevo el humo sale de mis pulmones. Es una putada esto del
tabaco. Él sigue mirándome. El caso es que a mí me gusta fumar. ¿Se
decidirá a hablar o seguirá como un búho, sus ojos clavados en mí? Coño,
que no soy tan guapa, lo sé, l tengo asumido. Tío, me caes bien, pero
como sigas así voy a tener que darte una foto…
- Para ti… ¿qué es la amistad? – Me quedé flipada mientras él bebía, para variar, mirándome.
Y
éste tío de qué va. A estas horas mi cerebro no funciona bien. El
alcohol, el tabaco, el ruido y los gilipollas que me sacan temas
transcendentales de conversación, lo atrofian.
- No sé… ¿Y para ti?
- Yo pregunté primero.
Pues vaya.
- Y yo después, ¿qué más da?
Antes
de contestarme, volvió a beber. Lo tomé como un intento de aunar
fuerzas, así que me preparé para un golpe de profundidad absoluta. Abrí
bien los ojos, valiente estupidez, como si las palabras se pudieran ver,
y los clavé en los suyos.
-
Creo que la amistad es la relación entre dos personas a las que no les
importa perder el tiempo juntos y además comparten algo, por muy pequeño
o nimio que sea.
Ya,
y yo me creo que me lo dices para impresionarme. Le seguí mirando, por
si se estaba riendo de mí, y mientras, intenté digerirlo…
Dos
personas a las que no les importa perder el tiempo juntas… Bueno, por
ahí va bien, estamos perdiendo el tiempo juntos, pero preferiría ir a
por un cigarro, ya se me acabó el paquete. Que comparten algo… Hasta las
tetas estoy yo de compartir novios con mis amigas… Y por ahí le veo que
cojea.
- No está mal…
- ¿Qué?
Supuse que habría cambiado de pensamiento.
- Digo tu definición. Está muy bien y todo eso, pero…
- Pero, ¿qué?
Vaya, se ha puesto a la defensiva.
- Pero que no tienes en cuenta algunas cosas.
- ¿Cómo qué?
- Como esto.
Le
di un beso en la boca. Un pequeño pico. Fue muy dulce, la verdad, él
apenas me rozó con sus labios, todavía no acababa de creerlo. Sabía que
él lo deseaba desde hace bastante, sabía que yo le iba, y eso que lo
disimulaba muy bien. Una tiene instintos, qué se le va a hacer.
Una amistad tiene cosas, por nimias que sean, que no se deben compartir.
Unos
minutos más tarde intentó volver a besarme. ¡Mierda! Debí haberlo
imaginado. Hay regalos que no se entienden. No me gustaba, simplemente
me caía bien y me apeteció darle un beso.
- ¡¿Qué haces?!
- ¿Cómo que qué hago?
Pobrecito,
se había perdido entre la niebla. Claro, si ya lo decía mi madre, que
no hay que ser tan imprevisible, que no fuera tan loca por la vida.
- Estate quieto, ¡joder!
- Y tú, ¿qué coño te pasa?
Perdido
totalmente. Esto te pasa por juntarte conmigo, chaval, asume las
consecuencias. Claro, que tampoco vengo con un cartel advirtiendo de los
peligros que corres al juntarte conmigo.
- Sólo te estaba demostrando que a tu definición le faltaba algo. Hay cosas que no se pueden compartir…
- Ahhh… Sí… Bueno… ¡Joder!
Más perdido que un pingüino en un jacuzzi.
Tiró
la botella contra un árbol, y ambos la observamos en silencio mientras
se burlaba de nosotros al no romperse. ¿De qué hacen hoy día éstas
botellas? ¿De hormigón armado? Volvió a mirarme.
Yo ya sabía que le gustaba, pero odio las demostraciones. Esa noche no estaba para demostraciones.
- Me piro.
- ¡Haz lo que te de la puta gana!
Pedazo de borde. Si empezaste tú.
- ¡Que te jodan! ¡Vale!
- ¿No te ibas?
Cada día más borde. A cada momento crece tu bordería, majo. No haber preguntado.
- Sí. Hasta luego.
Volví
al local. Pero no volví para quedarme. Me pillé un litro de vodka con
limón, y un paquete de tabaco. Me encendí un cigarro enseguida, y me
marché, a ver si lograba perderme.
Esa noche no estaba para demostraciones.
Me
acababan de demostrar algo muy importante, algo que me dejó hecha
trizas. La amistad no es nada. Se rompe con mucha facilidad.
Me caía bien, pero no habría amistad entre nosotros.