Olivia de Talier pertenece a una adinerada familia de Madrid. Tal como su familia tenía programada para ella, ha estudiado derecho y está a punto de ingresar en una academia para estudiar las oposiciones a notaría. Pero en un momento de lucidez, mientras le muestran la academia y su funcionamiento, decide rebelarse y seguir su sueño: estudiar para directora de cine. Eso en su casa no sienta bien, y tras una gran discusión anuncia que abandona el nido familiar. Se va a vivir con su novio, el bueno de Gonzalo, que tampoco entiende su decisión de volar libre pero que la acoge en su apartamento. Pero tras unos días de convivencia con su novio y con todas sus cosas, Olivia ve que eso tampoco funciona y se busca un apartamento en el centro. Para ella solita, o eso creía, porque en realidad descubre que vive con un fantasma.
Es una novela francamente divertida, que te absorbe desde el principio, y que hacia la mitad, cuando aparece el fantasma, estás literalmente secuestrado por la trama. Los personajes están bien perfilados, sin apenas descripciones, pero las suficientes para hacerte una idea sólida de ellos. El ovillo de la trama se va desenrollando a medida en que avanzas en la lectura, desembocando en un final que no por esperado (al menos yo ya lo veía venir), te defrauda.
Pero no todo han sido mieles en la lectura de esta novela. Desde el principio del libro me ha escamado el uso indebido de las comas de las que hace uso la autora. Tiene la manía de separar sujeto y predicado de una oración mediante una coma, haciendo su lectura un tanto incómoda. Creo que sería un pecado menor si no fuera una constante en el libro, pero aún así el global ha conseguido superar ese escollo. También he de decir que la palabra “patriarca”, usada en referencia a una mujer en la novela, no existe según la RAE, porque para ello está “matriarca”. Esto me hace preguntarme qué clase de corrección pasan las novelas antes de ser publicadas. Pensaba que existía una figura en las editoriales que ejercía de filtro para faltas de ortografía o de puntuación, para que la novela llegara al público impoluta. Pero, o me equivocaba, o en esta editorial en concreto no la tienen. Me consta que no soy la primera que critica la ortografía en esta novela, y sé que a Círculo Rojo no le ha gustado nada que en otras ocasiones le hayan señalado este fallo. Los lectores pagamos dinero por un libro, que deberíamos recibir en perfectas condiciones. Y reconozco que soy un tanto puntillosa, porque las faltas de ortografía me hacen sangran los ojos y me sacan de la lectura. Pero admito que ni yo ni nadie somos perfectos (hace un rato me he pillado en una falta gravísima, poniendo una v donde debía ir una b. Doy gracias por el corrector ortográfico del word), pero que si errar es humano, rectificar es de sabios.
Pese a todo, repito que la novela me ha gustado mucho. Tiene un sentido del humor increíble, relatándote situaciones muy cómicas sin llegar a ser cansinas. Le he cogido cariño al personaje principal, Olivia, esa pobre niña rica que decide desafiar a su destino y coger el toro por los cuernos, quedándose en una tierra de nadie, perdida entre el mundo pijo al que ya no pertenece, y el mundo “normal”, en el que lucha por quedarse. Lástima que al final del libro algunas de las tramas secundarias hayan quedado un tanto abandonadas. He echado de menos saber qué ha pasado con el novio de Olivia, con su nueva amiga obrera, Marina, o con su archienemiga, Amparo. Hubiera quedado una novela redondísima.
A mi, que me gusta el chick-lit, me ha encantado encontrarme con una novela de éste género escrita por una autora española. Leeré más de Regina Román, a ver si me sigue enganchando como en este libro.
Un féretro en el tocador de señoras
Regina Román
Editorial Círculo Rojo
253 páginas









