lunes, 24 de octubre de 2016

Infancia, de J.M. Coetzee




Sinopsis: Tiene diez años. Vive en Worcester, una pequeña localidad al norte de Ciudad del Cabo, con una madre a la que adora y detesta a la vez, un hermano menor y un padre por quien no siente respeto alguno. Lleva una doble vida: en el colegio es el alumno modélico, el primero de la clase; en casa, un pequeño déspota. Los secretos, los engaños y los miedos le atormentan; el amor por la granja familiar y por el Veld, las desnudas mesetas sudafricanas, le arraigan a la tierra. J. M. Coetzee vuelca todas sus dotes de narrador sobrio, mesurado y elegante en este relato lleno de fuerza, en el que evoca su infancia a comienzos de los años cincuenta; escenas de una vida de provincias donde la inocencia en su estado más puro y la violencia soterrada forman parte, tanto de la propia historia como de la de Sudáfrica.

Este libro fue uno propuesto para el club de lectura, aunque luego como no estaba disponible para todos, lo dejamos aparte. Pero yo ya lo había leído.

No había leído nada del autor, pese a que es ganador de un Nobel. En mi defensa diré que no me dejo llevar mucho por el influjo de los Nobel, en la suya solo diré que el premio de este año de literatura… Y hasta ahí puedo leer. 

Y es que no sé si es que no soy lo suficientemente inteligente para comprender ciertos libros, pero es que este Infancia lo ponen muy bien allá donde quieras mirar, y yo no le he encontrado la gracia por ningún lado.

Es un decir, porque evidentemente no es un libro de humor, pero la verdad es que se me ha escapado su grandeza. Yo solo me he encontrado con un relato que en parte no he entendido por lo lejano que me quedaba. Poco sé de Sudáfrica, más allá del Apartheid y de Nelson Mandela, pero mis conocimientos se limitan a lo que se ve en los medios acerca de ello. No sabía nada de la población blanca, de los católicos, los protestantes y los que no tenían religión, ni de sus ciudades y sus campos. Y claro, me he perdido un poco entre nombres holandeses, nombres de ciudades, etcétera. 

Y de lo que sí me enteré, que es de la relación del chico con su familia, y de la relación de la familia entre sí, sobre todo con la problemática del padre, me pareció aburrido. Es algo sórdido, pero lo cuenta de una manera muy plana, con lo que no tuve ocasión de profundizar, y por descontado no empaticé con nada.

Lo mejor son los pensamientos de cuando es más niño, me parecieron muy realistas. Muy bien contados, no está tratado ni como un niño adulto ni como un niño tonto. Que sean los recuerdos del autor supongo que ayudará. Es la parte que más me gustó, las mentiras del niño Coetzee que no sabía muy bien por qué las decía, esa relación de amor/odio con su madre y de desapego de su padre. Me pareció muy realista, todos esos sentimientos contradictorios propios de un niño de 6 años.

Pero es una lectura que me ha costado bastante, y no porque no lo entendiera, sino porque me costaba un mundo ponerme a leer. Una vez me ponía, avanzaba, pero es un libro que me ha costado demasiado para lo poco que considero que me ha aportado. 

De modo que para mí, Infancia, de Coetzee ha sido otro premio Nobel más que se ha escapado a mi entendimiento.

viernes, 21 de octubre de 2016

Presentación La cabeza del Rinoceronte



Adoro la biblioteca del pueblo. De hecho, actualmente, es lo que más me gusta. No está hecha una ruina como el resto del pueblo, aunque el presupuesto es el mismo. Pero el ánimo y el tesón de las bibliotecarias hacen el resto.

Cada mes tienen su programación, y es habitual que haya un cuenta cuentos infantil. Este octubre estamos de suerte, y debido a la celebración del día de las bibliotecas, hay dos: una para adultos (a la que asistiré si puedo), y una infantil (ídem). Y, además, había un extra: la presentación de una editorial y de sus dos primeros libros.

Siempre me estoy quejando de que la vida cultural de Madrid se me escapa, debido a los horarios (suelen acabar muy tarde, y en transporte público se me va la vida para llegar), por ello me dije, que para algo que tengo sin salir de casa, como quien dice, cómo no iba a asistir.

Debo decir, en honor a la verdad, que no es la primera presentación que preparan. A algunas no he podido ir, pero sí que recuerdo haber ido a otra. 

Me anoté el evento en mi bullet journal, y el día señalado allí me presenté, con MiniP junto a mí para ver qué era esa editorial y cuáles eran sus dos primeros libros. Esta vez la pobre MiniP, que se ve arrastrada a casi todo lo que hago, estaba de suerte, porque como eran libros infantiles luego había un taller de dibujo.

Desconocía totalmente la editorial. El nombre me gustó mucho: La Cabeza del Rinoceronte, y el dibujo que lo acompañaba me gustó e intrigó a partes iguales. Pronto descubrí la magia tras todo ello: la diversidad.

Si reflexionamos, como sociedad en general hemos avanzado mucho en materia de diversidad. Hay personas que son diferentes en algunos aspectos que llaman más la atención que otros, pero tal y como dijo el padre de Raúl Aguirre, el ilustrador, todos somos diversos. Hay personas que llevan gafas, otras que hablan mucho, otras que poco, las hay que son más altas, bajas, delgadas o más gordas. Pero todas las personas somos diversas. Y por ello no hay que tratar de apartar a los que parece ser que se salen de la normalidad, tratándolos con condescendencia y paternalismo.


Lo primero que nos pusieron fue un vídeo de un experimento. En las imágenes, invitaron a niños y niñas con sus padres o madres a mirar una pantalla, pero con un tabique por medio para que no se pudieran ver. Y les pusieron imágenes de distintas personas poniendo caras raras que debían imitar. Cuando alguna de las personas que aparecían en la imagen eran de capacidades diversas, en sillas de ruedas, con signos de alguna discapacidad mental, ocurría algo curioso: los padres y las madres no repetían la cara grotesca. Sin embargo los niños y las niñas, sí. ¿Qué es lo que sucede entre la infancia y la adultez para que organicemos la vida en etiquetas? En la infancia toda la visión está limpia, nítida. No ven un agravio en hacer la misma mueca que hacen en la pantalla. Los adultos sí.

Después del vídeo, y de unas palabras de presentación y análisis, fueron ya David Sánchez y Raúl Aguirre quienes presentaron La niña de algodón, el cuento con el que realmente arranca La cabeza del Rinoceronte. Raúl Aguirre es el ilustrador, su diversidad consiste en discapacidad intelectual, y nos contó, entre nervioso y emocionado, que David llegó a su casa, le propuso trabajar con él, de profesional a profesional, y se pusieron a ello. Se ve que para él era importante que fuera “de profesional a profesional”, no fue una relación en la que él fuera inferior, sino al mismo nivel. 

Cuando terminaron el libro pidieron ayuda a los amigos y familiares para financiar su edición. Consiguieron que les avalaran doscientas personas, y quisieron buscar un regalo muy personal para agradecerles el gesto. Conocieron a Cristina Paños, que fue diseñadora de bolsos, y todo encajó. Ahora tienen toda una colección de bolsos, mochilas y neceseres inspirados en los dibujos de Raúl. En cosa de un mes tendrán una tienda online donde se podrán comprar todos los productos. Y merecen la pena, además de ser preciosos son de una calidad impresionante.


Tuve la suerte de poder hablar con la madre de Raúl, que me habló un poco de cómo empezó este proyecto tan bonito e ilusionante. Raúl, al no poder expresar todo lo que tenía dentro con palabras, empezó a hacerlo dibujando. Y tras veinte años de dibujos acumulados, los padres decidieron publicarlos en un libro precioso: La cabeza del Rinoceronte, donde se puede ver la evolución del dibujo de Raúl. Y ahora quieren llevar la cultura a todo el mundo, que no haya persona que no pueda acceder a ella.

Es por ello que en el cuento de La niña de algodón hay un código BIDI que te da acceso a la lectura del libro en pictogramas y en audiolibro, para que todas las personas, sea cual sea su capacidad, puedan acceder a la historia.

Tras la presentación los niños y niñas que acudieron, MiniP entre ellos, se pusieron en una mesa a dibujar. Raúl se sentó con ellos, y se le veía muy a gusto. Definitivamente, el dibujo es su elemento.

Por suerte y por desgracia, ambos a la par, llevaba poco dinero encima. Por suerte porque pude comprar el cuento de La niña algodón, que lo pidió MiniP. También cogí una lámina con uno de los dibujos de Raúl, y otra que le regalaron a MiniP. Por desgracia no llevaba más para haber cogido un neceser o una mochila. Por suerte porque si hubiera llevado más me habría arruinado… 

Podéis saber más del proyecto en su página web. Os animo encarecidamente a que le echéis un ojo, porque son proyectos como este los que promueven los cambios en el mundo.

martes, 18 de octubre de 2016

Los Gozos y las Sombras, de Gonzalo Torrente Ballester



Sinopsis (Casa del Libro): Pueblanueva del Conde, villa costera gallega, ve cómo los aires de cambio social y económico van alterando su tradicional orden secular. Los viejos señores de la tierra ceden paso a los nuevos señores del dinero, y la antigua flota pesquera resiste ante la moderna industria de los astilleros. 
El esperado regreso de Carlos Deza, último de la estirpe de los Churruchaos, que mandó en la villa desde tiempo inmemorial, se ve en el pueblo como la última posibilidad de discutir la supremacía a Cayetano Salgado, nuevo amo de Pueblanueva, que la ejerce con la impunidad que le proporciona su poder económico. Sin embargo, el carácter indeciso de Carlos, y su desinterés por las cuestiones mundanas, llevará el enfrentamiento a derroteros inesperados. 
La pugna, que desciende también al terreno de las pasiones e implica a la mayor parte de los personajes, encarna vivamente el choque de épocas y mentalidades que se produce en la Galicia de preguerra, en una sociedad que transita, en plenos años treinta, del siglo XIX al capitalismo sin que apenas cambie nada fundamental. 
El gran éxito de la adaptación televisiva de Los gozos y las sombras, veinticinco años después de su publicación en 1957, convirtió la novela en un auténtico fenómeno editorial.

Me leí Los Gozos y las Sombras cuando tenía, más o menos, 17 años. Como ya sabéis tuve la suerte de crecer rodeada de libros, y de vez en cuando hacía batidas por los armarios de casa por si me llamaba la atención algún libro. Solía coger un botín de seis o siete libros, los llevaba ávida a mi habitación y en seguida me ponía con uno de ellos. Por regla general los restantes no los llegaba a leer, cuando me cansaba de verlos danzando por la habitación los devolvía a su lugar de origen. Hasta la siguiente vez que me diera por hacer batida.

En una de esas me topé con la trilogía del señor Torrente Ballester. Y la suerte se puso de mi lado, porque fue el afortunado elegido para la lectura. Y sí, fue suerte, porque me gustó mucho, pero es que soy incapaz de cuantificar la clase maestra de escritura que fue para mí en ese momento de mi vida.

Recuerdo que me leí los tres libros del tirón, me duraron bien poco. Y, con respecto a su lectura, ya no recuerdo más.

Pero lo propusieron en el Club de Lectura para leerlo en los meses de verano, por lo tocho de la trilogía, y ahí que me lancé, a la relectura, con la esperanza de recordar algo mientras leía. Esperanza vana, he de decir. Mi memoria borró completamente los datos de este libro, salvo el que me gustó mucho y que disfruté de su lectura, no guardó nada más. Ni personajes, ni parte de la historia, nada. A ese respecto ha sido como leerlo de nuevas.

Y creo que le he sacado más jugo ahora que entonces, a todas las tramas, las subtramas, los personajes principales, los secundarios, el escenario. Hasta al trasfondo político. Porque tiene mucho jugo que sacar.

Los Gozos y las Sombras es una novela (porque, aunque es trilogía es como una sola novela dividida en tres partes para comodidad de los lectores) costumbrista. Retrata fielmente la vida en un pequeño pueblo de Galicia en los años 30 del siglo XX. Este pueblo tiene la particularidad de estar dirigido por el dueño de los astilleros, que hace y deshace a voluntad, como un señor feudal en su castillo. Tiene hasta derecho de pernada. Allí las mujeres solo son moneda de cambio con el señor para conseguir un puesto en el astillero o algún favor que necesiten del amo. Porque le llaman así: el amo. Esto, particularmente, me ha cabreado mucho. Evidentemente hay que poner cada lectura en su contexto, y estamos hablando de una novela de los años 50 ambientada en los 30, escrita además por un señor afín al régimen de un dictador donde el papel de la mujer era nulo. Pero aun así me ha cabreado mucho el ninguneo que se le hace a la mujer en ese aspecto. Eso sí, el señor escritor, para sorpresa mía tras leer su biografía, se desquita con los dos mejores papeles femeninos que me he encontrado en mis andanzas por la literatura: doña Mariana y Clara. 

Estas dos mujeres, una anciana y la otra joven son opuestas en muchas cosas, pero iguales en una: son odiadas por el pueblo. ¿Por qué? Pues porque son dos mujeres fuertes que no necesitan a nadie para sobrevivir. Estos dos personajes son los más fuertes de toda la novela. La mayoría de los personajes masculinos son débiles, de carne, de fuerza o de espíritu. Todos y cada uno de ellos tienen una debilidad que les hace parecer de alguna manera deficientes en sus vidas. Pero las mujeres no, las mujeres son peculiares, pero todas ellas son fuertes, y por encima de ellas están Clara, con mucho mi personaje favorito, y doña Mariana, que tenía sus cosas, pero se me hizo de querer.

En el club estuvimos hablando toda la sesión del libro, de sus personajes, de las situaciones, y nos faltó tiempo. Le habríamos dedicado dos sesiones, incluso tres. Me tiraría escribiendo y escribiendo todo lo bueno que me ha parecido el libro, con ejemplos, con pequeños resúmenes, y aun así, me quedaría corta.

Es por eso que para abreviar solo diré que es una gran obra de la literatura española. No solo por la historia, que no tiene desperdicio y que siempre te deja con ganas de saber más, sino por lo bien que está escrita. Con tantos personajes, son todos reales y con calado, y, por más que a veces a mí no me haya gustado algo de ellos, con coherencia. 

Por todo ello me alegro infinito haber leído de nuevo Los Gozos y las Sombras, y no me cansaré de recomendarlo, como he hecho desde que lo leí por primera vez aquel verano de mis 17 años.



viernes, 7 de octubre de 2016

CUMPLE BLOG: ¡6 años ya!




Seis años. 

900 días. 

Con sus horas, sus minutos y sus segundos. Y su vida transcuyendo por esos 900 días.

Todo ese tiempo ha pasado desde que decidí abrir este blog. Jamás imaginé que lo mantendría abierto tanto tiempo, ni que me fuera a dar tantas alegrías. Pero mira, ha sido una constante en mi vida desde entonces, una lucha agotadora a veces por publicar una sola vez a la semana, y cuando decidí compartir mis vivencias con Mamá en Apuros, dos veces. Ha habido semanas en las que no he llegado a la reseña, al Mamá en Apuros o a ninguna, pero siempre lo he intentado. Vaya si lo he intentado.

Estoy muy contenta con las cifras del blog: muchas reseñas, muchas publicaciones de los viernes, y muchas alegrías. Es verdad que antes me preocupaba más por número de visitas, de seguidores y de comentarios, pero asumí que mi tiempo es el que es, y que no podría hacer milagros, con lo que establecí unas prioridades. El blog es una prioridad, pero no así su visibilidad. Tengo pocos lectores pero son muy fieles, y es para ellas (o ellos, aunque son los menos) que procuro no faltar a mi cita cibernética.

Y es que no resulta fácil. El blog es para mí mi segunda criatura. Lo abrí con un bebé de un mes, que por suerte era una bendita y me dejaba leer mientras le daba el pecho, y luego fui haciendo malabares para mantenerlo, para leer y reseñar. Pero ella también me dio la clave para dar salida a mis ansias de escribir (porque son eso: ansias), y decidí contar parte de mi vida (a veces exagerada, pero nunca inventada) para desahogarme y entretenerme a partes iguales.

También debo agradecer a Papá en Apuros, lector en la sombra, que cuando pienso que no se entera, aparece con una caja de trufas para celebrar el cumple blog de mamá. Para un año que no le doy importancia, se la da él.

Me gustaría hacer un sorteo, para celebrarlo, aunque aún no lo he pensado lo suficiente. Estad atentas (o atentos) porque en cuanto le dé forma a algo lo publicaré. Pero no os preocupéis, será algo sencillo, algo como ir a Mordor a encontrar el anillo fundido y volver para contarlo… No, las normas serán fáciles y los requisitos sencillos.

Porque seis años no se cumplen todos los días por la blogosfera. Y con ganas de seguir otros seis más…

¡Gracias a todas (y todos) los que me leéis, y un abrazo especial para las que además comentan! Sin vosotras este día no habría sido tan especial.



viernes, 30 de septiembre de 2016

Mamá en apuros: Los apuros de primaria




MiniP ha empezado primaria este año, de modo que pasamos a otro estadio. Es como pasar de nivel en un videojuego, solo que primaria de juego tiene poco y de vídeo menos.

Hay mucha polémica en torno al cambio de infantil a primaria, y yo tengo mi posición bien clara. Creo que es un cambio demasiado brusco, y no creo que el error radique en infantil. Los peques vuelven de un verano eterno, durante el cual han jugado, se han bañado, han reído, han llorado, se han caído, se han levantado y han dormido poco, mucho o infinito. Un verano durante el cual algunos padres o madres preocupados han ido tras los chiquitines con un libro de vacaciones en la mano para que repasaran lo aprendido. Pero es inevitable. Lo olvidan.

Y llega el primer día de clase. Entran todos tan contentos y salen que parece que les has metido en la casa del terror… Vale, es mentira. Estoy exagerando (por otro lado, siempre exagero). Somos las madres las que parece que estamos entrando en la casa del terror.

De todos modos, cómo no se le van a olvidar a los peques las cosas, si somos los adultos y nos olvidamos también. Que llega el primer día de cole y están todos los papás, las mamás, los abuelos y abuelas dentro del colegio, en la zona que el año pasado estaba restringida a padres (y el anterior, y el anterior, y el anterior), dándoles la mano a sus hijas, hijos, nietos, nietas, sobrinos, sobrinas y hasta a la hija de la vecina del quinto de tus padres si hace falta. Que se les descoloca el flequillo, ahí están esas madres sacrificadas, para peinárselo. Que Fulanito empuja a Menganito, ahí está el abuelo para darle una patada en la espinilla al agresor. Porque las burbujas son invisibles e intangibles, si no, no habría manera de estar allí entre tanta protección.


Con el tema educativo nos pasa tres cuartas de lo mismo, y ahí voy a aplicarme el cuento. Sí, soy una mamá burbuja en ese aspecto. Creo que primero de primaria es donde deben sentar las bases para el resto de la educación, y es ahí, en este curso, donde les tienen que enseñar a leer. ¿Qué salen de infantil leyendo? Genial. Pero si no es así, no pasa nada. 

Todas las compañeras y compañeros de MiniP han salido de 5 años con una noción de lectoescritura básica. Básica al menos. MiniP ya lee bastante bien, pero además yo no he tenido que perseguirla este verano con el libro de vacaciones. Me ha pedido leer todas las noches, se acostara a la hora que se acostara, y el famoso libro lo compramos porque ella lo pidió. Leímos Charlie y la Fábrica de Chocolate, por cierto, y le encantó la historia.

Suelo tender a presumir de hija y a considerarla superdotada, como buena madre que soy, pero la realidad es que no es la primera de su clase. Es decir, que todos, más o menos, se manejan con las letras. Unos mejor que otros, es verdad, pero se podría decir que han cumplido el objetivo de 5 años.

Pues ha sido entrar a primaria y parece otro grupo. Ahora resulta que tienen un nivel bajísimo. Pero bajísimo, bajísimo, que a mí me da por pensar si están evaluando a un grupo de primero o de cinco años. Este tipo de comentarios hace que me ponga a la defensiva. Primero porque acabé muy contenta con la profesora de mi hija, y este tipo de comentarios me parecen una falta de respeto al trabajo que realizó durante tres años, y luego porque como madre me sienta mal, porque parece que está diciendo que nuestros hijos o hijas son tontos y no saben hacer lo que se supone que deben hacer. Sé que no lo han dicho con esa intención, pero la falta de respeto a la educadora anterior sí que está ahí.

Tengo una teoría. Una teoría de la conspiración. Sé por habladurías que esta situación no es la primera vez que ocurre y que se repite prácticamente con todos los grupos que pasan de infantil a primero. Y no solo con las mismas profesoras, esto no se limita a un colegio. Aparte de que, quizás, la expectativa de nivel que tengan las profesoras es quizá demasiado alto, sospecho también que haciendo publicidad negativa de cómo llegan de nivel, cuando llegue navidad y hagan balance y vean lo bien que van entonces, se cuelguen la medalla por lo buenas profesoras que son. 

Está claro que el problema educativo es muy profundo, y que no va a mejorar, al menos de momento, porque los que gobiernan no ponen demasiado empeño en mejorarlo. No se puede cambiar la ley cada cuatro años, o cada ocho según qué casos, y siempre dependiendo de las preferencias de rojos o azules. Y tampoco pueden crear las normas quienes no saben de educación, en lugar de consultar a profesionales que los hay y muchos. Y muy buenos.

A lo mejor es que hace falta un punto intermedio entre infantil y primaria, y crear un curso de orientación a primaria, al estilo del antiguo COU, donde afiancen la lectoescritura en los peques, y que no cause estrés en las profesoras (o profesores, hablo en femenino porque es lo que nos ha tocado a nosotras), que sé que están pensando en prepararles lo mejor posible para lo que les queda en el colegio.

Así les quedaría más tiempo para jugar, para seguir siendo niños, para disfrutar de los días de invierno y no pasarlos toda la tarde encerrados en casa haciendo deberes... Vamos, digo yo...



lunes, 26 de septiembre de 2016

España: Guerra Zombie. Proyecto Betania, Javier Noguera




Sinopsis (amazon): Alejandro Noriega, un mediocre escritor español, es requerido desde su refugio en un archipiélago noruego para redactar un informe de la ONU sobre la Guerra Zombi en España. Sus reticencias iniciales para viajar a la Penísula Ibérica, ocupada en su mayor parte por las hordas de muertos vivientes, desaparecen cuando, junto a una jugosa cantidad económica, se le ofrece conocer el paradero de su familia, desaparecida durante la fase inicial de la pandemia. 

Lo que comienza como una tarea de recopilación de vivencias personales sobre la hecatombe zombi se convierte en un viaje pesadillesco, del Gibraltar ampliado a la fortaleza de Toledo, del País Vasco Independiente a la Barcelona nuclearizada, en la que Noriega se ve atrapado entre dos frentes que luchan por hacerse con el misterioso Profesor Saviola y su vacuna contra el virus.



No soy yo mucho de zombies, pero lo vi en las ofertas de Kindle Flash y me animé a probarlo. Fue un impulso consumista, de esos que con los libros me dan muy frecuentemente, y es que es difícil o casi imposible resistirse a libros por un euro o poco más. Siempre menos de dos. Es lo que yo creo que deberían costar los libros electrónicos. 

El caso, que lo vi y aunque no soy muy de zombies lo compré, y lo cogí en seguida. Necesitaba algo ligero después de todo el verano con Los Gozos y las Sombras. Lo normal cuando compro un Kindle flash es que el libro en cuestión se quede durmiendo en la memoria de mi Kindle hasta que me dé por repasar y jugar al pinto pinto gorgorito a ver qué libro más bonito me leo… Tengo que retomar lo del sorteo para leer todos los libros del Kindle… En fin, que desvarío.

La novela, sorpresa, sorpresa, trata de una infestación de un virus que convierte a las personas en zombies que solo quieren comer a otras personas. Hasta ahí, nada que no me esperara. Tiene mucha acción, es rápido de leer y muy ágil. Contiene mucha escena de lucha, de supervivencia. Y me lo he leído rápido, me ha entretenido, pero no me ha terminado de gustar.

Para empezar, no sé si es la edición que he leído yo o qué, pero tiene algunos fallos que no deberían estar. Por poner un par de ejemplos, en un capítulo llegan a un alcázar (no voy a entrar en detalles), al capítulo siguiente hablan de que han pasado ya dos semanas por lo menos allí. Y al siguiente, narra una batalla ocurrida la misma noche en que llegaron.

Esto crea un lío monumental con los personajes, que de repente aparecen y desaparecen sin saber yo por dónde me andaba. Además de que con algunos se toma algunas libertades que no explica, llamándolos por los apodos sin previa explicación, o con el artículo delante, como “El Torres”, lo que queda chabacano si no media un mínimo comentario acerca de ello.

En otro momento comenta de un tipo que parece sacado de “Hombres, mujeres y viceversa”, para, en el párrafo siguiente decir que uno de ellos era un tal Mora de un programa que se llamaba Hombres y mujeres o algo así. ¿Se le ha olvidado en un solo párrafo que ya conocía ese programa de la tele? 

Son errores que se corrigen con revisiones, pero no ha sido solo por eso que no me ha terminado de gustar.

Es un escrito en primera persona. Es el testimonio de un superviviente al virus, desde los primeros momentos confusos hasta que le suceden un montón de vicisitudes y viajes de acá para allá. Y si solo fuera eso a lo mejor había colado. Pero el superviviente, que resulta ser un escritor que trabajaba para una revista de viajes, es requerido por la ONU para que viaje hasta Canarias, que es donde está el gobierno español de Aguirre fortificado, y les haga un informe sobre el tema. Y ahí es donde empiezan los viajes, las agonías de este escritor, y donde mi fe deja de funcionar. Porque para ser un informe, el lenguaje es demasiado coloquial y el tono es demasiado jocoso. 

Luego tiene “bromas” que a mí, la verdad, no me han hecho gracia. Quizás porque yo soy más de humor inglés, pero el poner a Aguirre de presidenta, o a Pérez Reverte de mariscal, más que parecerme un guiño, me han sacado un poco de la lectura.



Por lo demás, como ya digo, entretenida. Pero, para mi gusto, no da para más.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Mamá en apuros: ¡VUELTA AL COLE!




Por fín llega el cumpleaños de MiniP, que es a finales de agosto (a tres días de acabar el mes), y a mi se me pone una medio sonrisilla tonta en la boca. No solo por comprobar lo mucho (y demasiado rápido) que está creciendo mi retoña, no. Porque pasado el cumpleaños llega septiembre, y con septiembre, la vuelta al cole.

Soy firme defensora de los tres meses de vacaciones. No me molesta mi hija por mucho que haya días en los que me tiro de los pelos, pero es que esos días los tengo en verano y en invierno también. La miro a ella con su verano infinito y me da envidia. Recuerdo mis veranos eternos de cuando era pequeña, cuando tenías todo el tiempo del mundo por delante y un pueblo por explorar. Veranos de ríos, de piscina, de explorar cañadas inundadas de vegetación. De pincharme con ortigas, y ya finalizando el verano, cuando los días se iban haciendo más cortos, de ir a coger moras. En un verano cabía una vida entera, y aunque parecía no tener fin al comienzo, siempre me maravillaba de lo rápido que había pasado el tiempo cuando terminaba.

Pero eso era mi infancia. En la que me dejaban en el pueblo, con mi abuela y con todos o casi todos mis primos. Siete niños y niñas que nos íbamos juntando por días y por edades, para buscar el entretenimiento. 

La infancia de MiniP es algo distinta. Para empezar no tiene cinco primos más, sino dos. Eso limita las opciones de juego. No tiene pueblo, y cuando se va a la sierra lo hace con la rama de la familia por la que es nieta única, con lo que no tiene más niños o niñas para jugar. Mucho espacio, muchas posibilidades, pero solo adultos con los que compartirlas. Y con adultos no es lo mismo.

Tuvimos la suerte de coincidir con más personitas de su edad en las vacaciones, tal como os conté aquí, pero eso tan solo supuso una semana de los casi tres meses estivales. Eso sí, esa semana le supo a gloria, la disfrutó al máximo.

Luego de las vacaciones nuestras volvimos a lo mismo: a llevarla por la mañana con los abuelos o la abuela, y por la tarde a la piscina. Para ella un poco aburrido, para mi una locura. Voy corriendo para todos lados, que si tarde a dejarla, tarde al trabajo, que se me hace tarde para recogerla, comer corriendo porque si no se hace tarde para ir a la piscina. Parezco el conejo blanco, mirando su reloj de bolsillo: ¡tarde, tarde, tarde! 

Y MiniP, como digo, aburrida. No digo que pasara cada minuto de cada día aburrida, pero en conjunto sí. Por la mañana los abuelos la bajaban al parque, con el bañador, y la dejaban jugar con las distintas fuentes que tienen a pie de acera en su barrio. La recogía empapada, pero contenta. Y por la tarde, en la piscina, se lo pasaba bien. Disfruta como una enana en el agua.

Pero su cuerpito le pide rutina. Le pide levantarse temprano, tener cosas que hacer, de distinta índole, que la mantengan entretenida. Su cuerpito le pedía ya colegio.

Por eso, cuando tras su cumple ya le fuimos anunciando que en apenas diez días empezaba el cole, se puso loca de contenta. Hicimos cuenta atrás, sin tachar días en el calendario porque siempre se nos olvida, y cuando nos acordamos no tenemos el rotu a mano, pero de viva voz. ¿Cuántos días quedan hoy? ¿Y hoy? ¿Y hoy?

Una semana antes del cole me puse yo mala de la tripa. Mala no, malísima. Perdí tres kilos en dos días, ya os podéis hacer una idea. Por la cabeza me rondó la duda: ¿se lo pegaré a MiniP? Quizás, pero eché cuentas y me dije que probablemente para cuando empezara el cole ya estaría bien. 

Acerté y me equivoqué. 

Acerté porque, efectivamente, le pegué el virus o lo que fuera, solo que a ella le afecto algo menos que a mi, y no perdió mucho peso. Y menos mal, que si la pobre mía adelgaza un kilo desaparece de la vista. Pero erré en el cálculo. Llegó la víspera del cole y todavía seguía mala. Ya casi bien, pero no del todo.

Así fue lo de MiniP, pero al revés...

Le dije que así no podría ir al cole, y ya empezó el drama. 

Llorando, que quería ir, que quería ir al cole y ver a su amiga del alma que hacía mucho que no la veía. Y quería ir al cole.

Tan insistente se puso que cedí: si se levantaba bien, la llevaba al colegio. 

Se acostó temprano, le costó dormirse, pero he de decir en su defensa que lo intentó. Se levantó aparentemente bien, le puse el desayuno y todo iba correcto. En el último trago de colacao le dio una arcada y vomitó en la misma mesa. 

Yo, muerta del asco, y aguantándome las ganas de vomitar, le dije que no iba al cole y no había más que hablar.

Me juró y perjuró que había sido que le había dado asco una cosa del bollo del desayuno. La hipótesis podría resultar cierta, porque la verdad es que es una niña bastante asquerosita en ese sentido, pero no me la iba a jugar. Era el primer día, con profesora nueva y no podía arriesgarme a que se pusiera mala en mitad de la clase y no le diera tiempo a llegar al baño. Llamé a mi madre y la llevé con ella.

MiniP lloró todo el proceso. Lloró mientras la vestía. Lloró mientras se calzaba. Seguía llorando camino al coche, y durante el trayecto. Hubo un momento en que se calmó, que estuvimos hablando tranquilamente, pero fue ver a mi madre y echarse a llorar de nuevo. El salmo era el mismo: yo quiero ir al cole, yo quiero ir al cole… 

Le prometí que si seguía bien todo el día al día siguiente la llevaría al cole, y la dejé como una magdalena llorando a moco tendido.

Me fui al trabajo pensando en qué clase de hija tengo. La pobre mía, llorando porque quería ir al cole. Me alegro que aún no se le haya inoculado el virus ese que te hace ver el cole como algo negativo. Me encanta que vaya ilusionada y con ganas, espero que le dure mucho tiempo.

Por suerte pasó el día fenomenal, sin ningún síntoma de enfermedad, y al día siguiente la pude llevar al cole. Tan contenta iba que casi ni me da un beso de despedida para irse a la fila. Y de tantas ganas que tenía, que ni siquiera ha notado el cambio que supone pasar a primero, cambiar de profesora y empezar a estudiar como si pasado mañana fuera a hacer la selectividad. Para ella ha sido la vuelta al cole, nada más, lo de todos los años. 

Tan natural como la vida misma.